La pobreza vista desde nuestros ojos

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En general se considera que no contar con posesiones y no tener ingresos económicos son aspectos que caracterizan a una persona pobre. Sin embargo, hoy en día nuestro entendimiento acerca de cómo definir la pobreza va más allá de lo puramente económico.

Definitivamente no tener acceso a ingresos económicos limita nuestras capacidades de acceder a otro tipo de bienes y servicios en la sociedad, como la educación, el vestido, la alimentación, vivienda, recreación, entre otros. Pero además de ello, debemos considerar que existen otras variables, como por ejemplo vivir en un entorno de violencia, ser víctimas de alguna forma de explotación, tener buena salud, etc., que influyen también en nuestra calidad de vida.

Últimamente también se ha considerado importante discutir acerca de la vulnerabilidad de las personas y las comunidades. El programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera por ejemplo que las condiciones externas pueden generar la posibilidad que una persona o una comunidad regresen nuevamente a la condición de pobreza. Estamos hablando por ejemplo del cambio climático, la crisis económica, desastres naturales.

En este escenario, nuestro país en los últimos años mantuvo un decrecimiento sostenido de la pobreza, en parte debido a la fortaleza de su sistema económico. Sin embargo, en este año el INEI ha revelado sus resultados señalando en la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), que la tasa de pobreza se elevó un punto porcentual comparado al año pasado (2017), pasando del 20,7% al 21,7%. Si bien es cierto este resultado está basado en la medición por ingreso monetario, debe llamarnos la atención el hecho de que nuestra economía no ha sufrido recesión o estancamiento en el último año.

Un aspecto importante a tomar en cuenta en esta situación, es que según los datos, esta pobreza estaría ubicada principalmente en la zona urbano marginal. Recordemos que el último Informe Mundial sobre Población (2017) ya hacía hincapié en que las zonas urbanas estarían siendo super pobladas por la migración constante de personas, quienes traen consigo no solo sus sueños, sino también necesidades que las ciudades no están preparadas para atender. Si ya el crecimiento de nuestras ciudades se viene dando de una forma no planificada, el crecimiento sin control de las áreas periféricas desencadena un efecto directo sobre las condiciones de vida de quienes las habitan desde contar con una vivienda digna hasta la seguridad de las mujeres y niños. 

La formalidad del empleo es otro factor que puede ayudarnos a comprender porque están surgiendo estos resultados. El empleo de por si no soluciona las necesidades de una familia, ya que muchas veces este empleo se presenta en un entorno de informalidad y en condiciones de explotación (ejemplos tenemos muchos como Mesa Redonda o las Malvinas), con una remuneración mínima que no cubre las necesidades de un grupo familiar. El no contar con fuentes estables de ingreso tampoco permite que una familia pueda planificar su desarrollo.

En ese sentido, a la luz de esta realidad nuestra mirada de la pobreza tiene que ser más inclusiva y voltear a mirar no sólo a quienes vienes en zonas rurales de la sierra y la selva, sino de aquellos que han pasado a constituir parte del círculo de pobreza que rodea las ciudades.

 

Autor IDR