La investigación

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Investigación, una palabra tan sencilla pero muchas otras veces “complicada”. Lo cierto es que investigar forma parte de la naturaleza del ser humano, ya que todos ─absolutamente todos─ investigamos constantemente: i) se investiga por detrás de la cortina al amanecer para saber cómo se encuentra el clima, ii) se investiga la hora para dosificar tiempos y ser puntuales, iii) se investigan actitudes del prójimo para discriminar estados de ánimo, entre otros ejemplos que demuestran que el hombre investiga desde el amanecer hasta el anochecer, los siete días de la semana, los 365 días del año.

Todo ello no hace más que ratificar la esencia investigadora del hombre; no obstante, aunque todos investigamos, no todos hacemos investigación científica. Si bien basta con pertenecer a algún círculo profesional (de ciencias sociales, de la salud, económico-empresariales, etc.) para estar sujetos a la investigación científica, parece ser que su apariencia “complicada” lleva erradamente a quienes no están familiarizados con su método a considerarla una actividad propia de ciertas élites profesionales.

La acción y efecto de investigar científicamente nunca tuvo fines elitistas ni dentro de una misma profesión, ni entre distintas profesiones; de ser así, ello se encontraría debidamente consignado en la literatura. Por el contrario, los fines de la investigación científica son la producción de conocimientos (cuando es básica) y la resolución de problemas (cuando es aplicada). En el marco de estas precisiones, se deduce que todo profesional dispone -siempre-de una cuota de actitud investigadora. No obstante, son factores externos los que hacen que esta actitud preinstalada se vea reducida, cuando es posible hacer crecer esta semilla de la investigación regándola con aguas en temperatura y cantidades correctas.

En lo personal -y quizás también para muchos- este factor externo venga a ser la capacidad didáctica con que se nos enseña-o se nos enseñó- la investigación científica; en algunos casos es posible incluso valerse de la cotidianeidad para hacer llegar un mensaje efectivo a quien se encuentra en proceso de aprendizaje, tal como Sampieri(2014) lo ejemplifica:

“Cabe señalar que en nuestra vida cotidiana constantemente elaboramos hipótesis acerca de muchas cosas y luego indagamos su veracidad. Por ejemplo, establecemos una pregunta de investigación: “¿Le gustaré a Paola?”, y una hipótesis: “Le resulto atractivo a Paola”. Esta hipótesis es una explicación tentativa y está formulada como proposición. Después investigamos si se acepta o se rechaza la hipótesis, al cortejar a Paola y observar el resultado” (p.104).

El enunciado previo resulta hasta gracioso en la medida que vemos reflejada una situación cotidiana, de la que a simple vista no pensaríamos está presente la investigación. Lo cierto es que investigar es parte de la naturaleza del ser humano, está en nuestro día a día; asimismo, debemos aprovechar su carácter innato para hacer de esta semilla un árbol robusto, denso y duradero. Para este objetivo es necesario apoyarnos en quien ya ha recorrido el camino y sabe de desvíos, baches y de cuanto obstáculo pueda presentarse en el camino del aprendizaje.

Desde IDR Professionals ponemos a disposición de quienes buscan cultivar esta semilla, nuestra experticia ganada producto de reiterativas idas y vueltas en este camino del investigar científico. Quizás no todos lleguemos ser robles, pero si árboles frondosos, cuyos frutos contribuirán con desarrollo de un mundo mejor para futuras generaciones.

 

Lic. Marco A. Chilipio Chiclla

Consultor Junior de IDR Professionals